martes, 10 de enero de 2012

Una cosa muy loca que salió de mi cabeza antes de ayer II

Día dos, la supervivencia del más apto








No teníamos la más mínima idea de qué hacer con el cuerpo. Todo nos parecía mal, como si no pudiéramos rendir el suficiente tributo a nuestro amigo. Más tarde me enteré de que murió porque, en lugar de correr como una enajenada con los ojos cerrados como yo, trató de advertirles a los demás y salvarlos. Ese hecho me hizo sentirme como la mierda, y darme cuenta de una verdad incómoda que siempre supe pero nunca acepté: Soy una cerda egoísta por naturaleza. 
Mi herida estaba horrible. Había parado de sangrar, porque parecía que en proyectil mismo la había semi–cauterizado en el momento del roce, pero parecía estar infectándose, tomaba un color cada vez más horrible y no teníamos nada en esa casa como para curarme.
Todos estaban muy preocupados por su familia, pero gracias al cielo, Jerónimo se animó a dar un discurso alentador, para que todos siguieran adelante. Si no permanecíamos vivos, no podríamos volver a verlos, ni muertos ni vivos, así que no había mucha opción.
Debíamos sobrevivir, a como diera lugar.

Cuando comenzó a agotarse la comida en la casa de Jerónimo, tomamos todo lo que considerábamos necesario y partimos hacia el centro de la ciudad. No sabíamos muy bien que hacer, pero sabíamos que no podíamos quedarnos más tiempo en un mismo lugar, no después de lo que le había pasado a Ángel ni después de saber que podrían desintegrar ese lugar como hicieron con mi casa. No nos detuvimos siquiera a pensar quién carajo estaría haciendo eso, si aliens, si humanos, si un ente superior indefinible o quién. Lo único que logramos pensar fue que debíamos mantener el perfil bajo y tratar de seguir existiendo.

Algo que nos inquietaba mucho era la desaparición de Yonatan. En el caos que se generó cuando el Ala–Delta (Yo les conté de ese recuerdo de mi infancia, así que al final terminamos llamándolo así) nos disparó, el chico desapareció sin dejar rastro.
Nos cansamos de barajar posibilidades. No hablábamos más que de eso, hablar de algo más era demasiado doloroso. Más que nada para tres de nosotros, Macarena, Mariano –su hermano–, y Franco, quienes habían sido sus amigos desde chicos.
Estaban por ser las doce en ese momento y aún no sabíamos qué hacer con el cuerpo de Ángel. Todo era demasiado cruel, no teníamos idea de cómo debíamos proceder. Al final, Franco cavó una tumba en el patio trasero de jero y allí dejó suavemente su cuerpo, mientras que nosotros rodeábamos el lugar. Solamente me alegré de que el proyectil hubiera impactado sobre su torso, porque de esa forma no alteró para nada su rostro.
Mientras Franco cubría con tierra a nuestro (¿Primer?) amigo caído en ese caos, los demás nos esmeramos tallando un pedazo de concreto que encontramos ahí, a modo de lápida. Justo terminó de escribirla, por lo que para los demás fue una ligera sorpresa leer lo que decía debajo.


Angel Mallarino
1994 – 2012
Un muy querido amigo

“Y cuando tus nietos vean mi lápida van a decir: ‘Ah..!’ ._.”


Todos lo miramos de manera reprobatoria, hasta que la Maqi soltó una risita. Y en ese momento, fue como si alguien hubiera soltado un hechizo. Nos empezamos a reír juntos, llorando a la vez, casi podía afirmar que todos estaban sintiéndose igual que yo.
Tantas emociones encontradas.. Tanta impotencia por no haber podido evitarlo, tanta tristeza porque ya no estaba físicamente con nosotros, tanta alegría por seguir juntos.. Nadie podría haber dicho porqué reía o por qué lloraba. Solo nos abrazamos frente a esa tumba improvisada, pero que era nuestra única forma de demostrarle cuánto nos importaba, de expresar nuestro cariño, aunque quizás ya no pudiera sentirlo.

Nos limpiamos las lágrimas y terminamos de preparar todo para la marcha. Eso había sido muy fuerte, pero aún nos esperaban muchas cosas.
Debíamos ir a la casa de cada uno, para ver como estaban las familias, aunque decidimos no ir a la casa de Yonatan, ya que nos parecía que él había vuelto allá, y que ya estaría con su familia en ese momento.
La primera parada sería la casa de Ángel. Era la que quedaba de paso y debíamos asumir la terrible tarea de decirles a los padres y a su hermanita lo que había pasado.
Salimos de la casa de Jerónimo dándole un último vistazo, esperando que no fuera desintegrada. Con una punzada de tristeza, esperé poder volver ahí, para mirar una película o tomar una taza de leche con cereales una vez más. Miré a mi mejor amigo y me dirigió la misma mirada, aunque casi inmediatamente endureció su rostro y siguió adelante, por esa calle llena de piedras.
Caminamos por un largo rato, sin siquiera abrir la boca. Cuando nos comenzamos a acercar al centro de la ciudad, vimos con horror como el suelo comenzaba a ser tapizado por cadáveres, despedazados en distintas partes del cuerpo. Algunos contenían las ganas de vomitar, siguiendo adelante estoicamente.
Más que adelante, mirábamos al cielo, horrorizados cada vez que vislumbrábamos un puntito en la lejanía, así fuera una simple paloma.
Parecía que todos los Ala–Delta habían aparecido al mismo tiempo y se habían marchado. En verdad, parecía algo de extraterrestres, y el hecho de que fuera dos de diciembre justamente de ese año daban muchas cosas que pensar.. Es decir, por la profecía y todo eso.
– ¿Estará pasando lo mismo en todo el mundo? – Preguntó Mariano, con la voz muy apagada, como temiendo que lo escucharan esos entes.
– La verdad, yo creo que sí.. Sería impensable que haya pasado acá nada más y que no apareciera ayuda.. – Le respondió Jerónimo, sin dejar de caminar y mirar al cielo.
– ¡Allá! – Gritó Maqi, con una voz chillona muy impropia de ella.
Todos giramos la cabeza hacia donde estaba señalando y vimos otro punto levemente triangular en el cielo, por lo que corrimos a refugiarnos en la casa más próxima.
Jadeando, más del susto que del cansancio, vislumbramos por la ventana como desaparecía en dirección al río.
– Aprovechemos para comer acá, no muchas casas quedaron en pie, casi todas son ruinas, y esta parece estar sana todavía – Susurré, aunque de manera bastante audible.
– Comamos rápido acá y sigamos – Dijo, después de una pausa, Franco, como toda respuesta.

Comimos en silencio, quizás porque sabíamos que así íbamos a terminar más rápido. Nos quedaban provisiones como para dos comidas más, tres si las  repartíamos bien, pero íbamos a tener que encontrar un lugar donde conseguir comida.
– Nunca hablamos de quién estará haciendo esto.. – Dijo Jero, masticando aún.
Todos inclinamos la mirada levemente hacia abajo, quizás pensando, quizás tratando de no pensar. En fin, nadie contestó, por lo que ese tema volvió a quedar en la nada.
Más que ese tema, a varios les preocupaba más mi herida. Nunca terminaba de sanar y me estaba empezando a debilitar, ya a estas alturas, se había infectado y no dejaba de sangrar y supurar. La tenía cubierta por un vendaje bastante precario, por lo que fue decisión prácticamente unánime que después de ir a la casa de los Mallarino, fuésemos a algún centro de salud, a ver qué encontrábamos.

Una vez que comimos, usamos el baño de esa casa, en el que sorprendentemente aún funcionaban las cañerías y nos higienizamos lo más posible; no sabíamos cuando tiempo íbamos a pasar hasta ver una morada como aquella.
Luego de asegurarnos que no había nada anormal en el cielo, caminamos las cuadras faltantes hasta la casa de nuestro amigo.
No esperábamos eso.. Eso que vimos. En verdad, no esperábamos nada, pero sé que de haber querido algo, lo último que habríamos querido sería eso.
Tanto la casa de Ángel, como la de Sol, su vecina y conocida nuestra, estaban completamente hechas una ruina. Todo menos el pasto y las plantas.. Todo estaba destruido.
Jerónimo y yo comenzamos a maquinar que esas armas, por alguna razón y de alguna manera que no comprendíamos, solo destruían aquellas cosas creadas por humanos y los humanos en sí.. Parecía no afectar ni a los animales ni a las plantas, ya que era lo único que quedaba dentro de las ruinas.
Una lágrima silenciosa calló por la mejilla de Justo. Le pasé el brazo por encima del hombro y noté en ese contacto el dolor que quizás estaba sintiendo ¿O era mi dolor? Tal vez todo hubiera vuelto a ser como antes.. Antes.. Pero ahora. Era obvio que ya no había marcha atrás.

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